jueves, 17 de enero de 2008

Promesas extinguidas


Es real, soy de aquellos tipos que todo lo olvidan o, que mejor dicho, olvidan todo antes de tiempo, quizás por conveniencia. Todo ocurrió en el momento más propicio: cuando uno le hace dibujos de la familia a la madre, cuando iba al jardín y lloraba al no sentir la compañía de ella y cuando le prometes que cuando grandes serás su esposa, cosa que te sacan en cara toda la vida.
Todos los domingos iba al parque con ella, era el día más ansiado de toda la semana, aquel que esperas una eternidad para que llegue con tal de sentirte como todo un ser realizado porque es la moda del verano (tus amigos lo comentan durante toda la semana en el jardín), debes estar ahí: viviendo, gozando, disfrutando. Era pequeño, y soñaba con ser un futuro competidor de la formula 1, alzar mis brazos con un trofeo de oro y sentir los aplausos de todo el mundo entero; mi madre me daba en el gusto y arrendaba uno de los autitos a carreras que me hacían sentir como todo un “Schumacher”. Desde ahí todo era un verdadero sueño porque yo miraba hacia el paraíso mientras aceleraba verazmente y comenzaba a andar por los alrededores del porque, podía percibir las miradas ajenas que centraban sus ojos en mi capacidad automovilística, nadie me detenía, era libre y las niñas pequeñas me lanzaban algunos besos cuando pasaba por su lado. Era una estrella de rock, eso era bueno porque me hacia pensar en grande. Mi madre aprovechaba el momento cortando aquellas flores que posteriormente decoraba en nuestro hogar, o conversaba con amigas y no despegaba la vista de mi automóvil que llenaba de vida todo ese parque, gracias a mí se podía sentir un ambiente grato y acogedor. Eran tantas las vueltas que daba por ese sector, eran tantas las tardes que me devoraba creyéndome una verdadera estrella, pero no me cansaba, no me aburría. Para nada, era el momento más feliz de mi infancia el solo hecho de estar sentado en aquel autito. Pero la vida transcurre, evoluciona y se transfiere indisolublemente; los gustos cambian, tu madre deja de ser madre, ahora se posiciona como una vieja; el autito ya no es la moda, ahora el gusto es tener al lado a una polola; pasaron los tiempos alegres, se comienza a vivir la melancolía. Tanto tiempo transcurre que el solo hecho de mirar hacia el pasado me distorsiona la realidad.
Más de 15 año después de lo vivido hace algunos años atrás, me encontraba en Santiago, donde vivía otra vida, sin casa, sin familia y con muy pocos verdaderos amigos, cuando pasaba en las noches solo en un famoso cine o teatro, o visitando algunos lugares exóticos con aquella muchacha que cambio mi perspectiva de vida, o simplemente deambulando en un bar junto a una helada cerveza, llegue a la casa de mis abuelos, era una reunión familiar (de las pocas que realiza la familia en el transcurso del año), estaban absolutamente todos los primos, tíos, parientes, era una verdadera manada de termitas invadiendo el hogar. Esa situación me incomoda, me siento sofocado por todo el mundo (suena irónico, pero mi propia familia siento que me asesina y me hace cada vez más débil). A nadie le impacto mi presencia, no me pareció extraño - ya estaba acostumbrado-, nadie daba un peso por tenerme en dicho lugar; de hecho creo que nadie noto que había llegado un tanto alcoholizado tras beber unas copas con un par de amigos. En su dormitorio estaba mi madre esperándome, fue al primer lugar al cual me dirigí, sin siquiera saludar a ningún pariente.
- Hueles a alcohol - me dijo-. No me digas que ahora esa es tu manía.
- No -le dije-. Solo lo hago por deambular mis penas. No soy como tu.
Mi madre toma mucho, demasiado, excesivamente. Hay veces en que la he sorprendido bebiendo a altas horas de la noche; no es una mujer feliz, ha tenido que pasar por momentos difíciles a lo largo de su vida. Comúnmente disimula su aliento alcoholizado con mentitas, de hecho siempre trae una consigo en sus bolsillos.
- A mi no me gustaría verte como yo, yo te críe para cumplir proyectos.
Estaba incomodo en dicho lugar, no quería estar con mi familia -a excepción de mi madre, y quizás mis abuelos-. Esperar a que todos me preguntasen sobre mis proyectos, mis ambiciones, sobre mi vida, y yo solo debía limitar a decirles que tengo proyectos en mente, pero ninguno concretable. La típica excusa barata que ya todos me la conocen de memoria, por tanto ya no es novedad para nadie el hecho de repetir esas palabras textualmente. Me daban ganas de llorar y de pedirle el consuelo a mi madre, aquella mujer que siempre ha estado a mi lado. Me sentía tan devastado por todo, necesitaba apoyo moral.
- ¿Te acuerdas de que cuando pequeño deseabas casarte conmigo?
- No -le mentí.
- No te creo. O acaso no recuerdas que cuando pequeño decías que yo sería tu mujer ideal y me regalarías las más hermosas flores todos los días. También aducías que me mantendrías y que serías el sustento de todo el hogar.
Mi madre agacho la mirada, y cuando levemente levanto sus parpados sus ojos delataron una pequeña gotita de llanto. Estaba envuelta en melancolía, pero intentaba esconder su tristeza con una leve sonrisa, lo cual solo provocaba que aumentaran sus ansias de llorar. Note que sabía lo que estaba pensando, y lo que iba a decir, por tanto me avergoncé.
- Mamá, era chico.
Luego de decir esas palabras mi alma estallaba en llanto, yo solo desvié la mirada de las pupilas de mi madre. No deseaba llorar, menos en esta ocasión.
- Ahora ya no me llamas. Ya no me avisas donde estas, ni a que horas llegas.
La miré un tanto afligido: ya no era aquella mujer que me llevaba al parque para disfrutar de los autitos de carreras. Ya no delataba esa sonrisa inocente, estaba sumida en la tristeza igual que yo. ¿Por qué había querido casarme con ella? ¿Por qué la olvide y la saque de mi mente? ¿Por qué no la valoro?
- Mamá tu tampoco me llamas.
- No es lo mismo hijo - me respondió mirándome fijamente con sus ojos enrojecido.
- Claro que no. Es lógico, yo ya soy un adolescente y no soy aquel chico que disfrutaba en el parque y era amado por todas las chicas. Lo lógico es que me comporte como los tipos de mi edad.
- No te pido eso. Solo deseo que seas auténtico.
Se acerco levemente a una cajita muy minúscula y lujosa que tenía sobre su estante, de ella saco un cigarro y lo comenzó a fumar de inmediato, mientras me miraba fijamente a los ojos. Sus ojos se estaban reconfortando, los míos igual; eso me calmaba, me dejaba respirar por un momento.
- Tu chica.
- ¿Qué pasa con ella?
- ¿Quién es? ¿Cómo se llama? ¿Qué hace?
- Se llama Carolina Twist; la conoces.
Mi mamá cambio su mirada repentinamente. Por la postura que adopto dio la percepción de que nada de bueno iba a decir; al parecer mi respuesta la pillo de imprevisto. Se tomo su tiempo mientras soltaba el humo del cigarrillo.
- Si, la conozco. Más de lo que piensas, incluso.
- Que bueno saberlo.
- Ha cambiado mucho esa chica; una pena.
- Nosotros también hemos cambiado mamá. La familia ha cambiado, todo ha cambiado; una pena.
- Si, todo este tiempo ha sido una pena. Han cambiado tanto los tiempos hijo, los proyectos se pudrieron y no volvieron nunca más. ¿Qué nos paso? ¿Cuál fue el error que nos hizo llegar hasta esto?
Volvió la agonía y sentí aquellas ganas que sentía cuando pequeño, de abrazar a mi madre y darle muchos besos, de contarle todo aquello que me sentía y que me pasaba, pero me arrepentí. Ella sintió el deseo de acariciarme, pero decidió sacar otro cigarrillo de su cajita lujosa.
- ¿Y que ha sido de él?
- Esta de viaje -me dijo-. Realizando un par de negocios.
- ¿Cuándo se fue?
- Ayer.

My Sacrifice Inmortal

8 comentarios:

El CaciQue dijo...

Los Tiempos cambian al igual que las personas, ya no somos aquellos niños que soñabamos casarnos con nuestras madres, ya todo es distinto.
Aunque no debemos perder la esencia y dejar de lado el ser mas preciado, nuestras Madres.
Exelente el Texto, llama a la reflexion profunda, me encantaron los tiempos de desarrollo de los dialogos..Muy bueno amigo.

.:: J miguel ::. dijo...

el mundo gira, las cosas cambian
(alcanze con la tv, en la frase)
asi es, todos crecemos y pese a que nuestra ecencia es la misma de antes, ya no nos vemos como lo eramos ace 10 o mas años, la etapa en que eramos niños a llegado a su fin, cuesta asumirlo, por lo menos a mi me costo lo suficiente como para darme cuenta cuanto habia madurado, cambiado, noce ya no era el de antes, no es ni mejor ni peor, solo se que recuerdo con mucha nostalgia mi feliz infancia, pero en este presente me miro, y me gusta como voy, me tengo fe mis planes, mi futura vida jajaj
adios, eduardo, cuidte

Wendy5 dijo...

Pase por aqui a ver tu blog, a leerte y me ha gustado y este post es muy reflexivo en efecto las cosas y las personas cambiamos, pero no debemos permitir que nuestros sueños se quiebren.
Te cuidas.

Berenjena dijo...

Tiempo y espacio, nunca igual...
Pasé a leer tus sentimientos, sentí el filo de tus palabras y los golpes hacia la reliadad, a la que cada vez más quieren darle la espalda...

Saludos!

ybris dijo...

Es curioso comprobar cómo hasta cuando uno casi no ha comenzado a vivir se refugia en recuerdos nostálgicos.
Debe ser por esa necesidad de ser auténticos que a algunos les es imprescindible.

Un abrazo.

Jorge Rojas® dijo...

nada q decir en realidad ni quise leer todo, por que se de que se trataba y me parece que en estos casos lo que uno pueda sentir es correcto mas bien dicho, muy correcto

...asi es dijo...

Las promesas nunca se extingen, pero si deambulan, flotan, y hasechan en la oscuridad a cada persona que olvido cumplirla, no quiso, o simplemente no pudo, este pulular por el infinito, de cada frace, palabra, gesto diriguido, es rrealmente un molesto, las "promesas extinguidas", son parte de un pasado oxidado, pero necesario

Tristancio dijo...

¿En qué momento comenzamos a alejarnos de aquellos seres que amamos?

¿Cuando fue que comenzamos a quedarnos solos?

Quizá ahí esté la razón de las promesas extinguidas...

Saludos.-